EL ARTE ACCESIBLE

Publicado: julio 7, 2010 en Uncategorized

El arte callejero, es alternativo por ser callejero?

Hasta ahora, vimos como Guillermo Martin Quiña, entiende que los considerados artistas alternativos al mismo tiempo, muchas veces, necesitan de las exposiciones en circuitos oficiales, de entrevistas en los grandes medios, para al mismo tiempo financiar sus obras y poder profundizar y llegar a más gente.

Sin embargo, cuando esto ocurre, y los alternativos pasan a ser de los “consagrados” por el circuito de legitimación “oficial”, ¿siguen siendo alternativos?

En general el nivel temático o de contenido de las obras de estos artistas, funcionan como críticos al sistema hegemónico, a las instituciones dominantes, al modelo de sociedad que excluye; pero en algunos casos sus obras son compradas y vendidas por los mismos que colaboran en ese mundo que cuestionan, se exponen en espacios financiados por ellos, o son artículos de empresarios mediáticos que trabajan para ellos.

¿Puede juzgarse a estos artistas como contradictorios, o “vendidos”? Si dejan de ser alternativos, ¿pierden las obras su sentido original?

Abordemos un ejemplo que podría considerarse “polémico” en este sentido: BANKSY.

El artista británico graffitero, del arte “para todos” (para el que no hay que pagar una entrada o estar “bien vestido” para poder apreciarlo; ¿alternativo?), se caracteriza por plantear el espíritu de protesta, de antisistema de algunos artistas de los 60 y de otros graffiteros conocidos.

La fuerte crítica al modelo hegemónico de dominación, de guerras, de invasiones y masacres. De intereses económicos justificando violencia y represión son sus características principales. BANKSY interviene la calle y la vida, con la mejor herramienta para eso…

Se ríe un poco de lo que se supone que es el arte “legitimado”, dando cuenta en la misma obra de una concepción de arte, una filosofía de vida. El es un “artista de caballete” que elije otra cosa. Ni la galería, ni lo meramente decorativo, ni la foto de perfil, ni las sofisticaciones de los aperitivos acompañados por las rebuscadas palabras del curador.

Además hace alarde de su imaginación y calidad graffitera en su máxima expresión, manteniéndose en la “clandestinidad”, consiguiendo figuras que impactan, llaman inevitablemente la atención e invitan a continuar, a responder, a dialogar.

Hay algo de historieta, de síntesis de ideas plasmadas en “trazos” de perfecta solidez. Y lo hace, puede pensarse, rápido, porque pinta la calle donde pasa gente y la policía.
Como un duendecillo de la buena política, es militante de ningún partido, sino del arte que protesta, que se manifiesta, que es ¿alternativo?

Un placer estético. Un lujo. Para mirar, para pensar, para sentir, denunciar y reflexionar y hasta para convertir un lugar gris en un espacio de arte.

¿La calle al museo?

El año pasado, Banksy dio un paso fuerte en el mundo de legitimación de los espacios cerrados en una muestra titulada (como queriendo escapar a alguna crítica suspicaz) “Bansky versus Bristol Museum” (pero su primera exposición fue en el 2000).

Sin embargo hay algunos detalles para tener en cuenta: Uno, solo cobró 1,16 euros por ella y dos, la entrada era gratuita.

La muestra batió records de visitas, convirtiéndose en una de las 6 más visitadas en la historia del país y sus obras superan los 350.000 euros.

¿Puede seguir considerándose alternativo a un artista que se vuelve masivo y que vende sus obras a tal costo?

En relación a los espacios puede pensarse a favor de lo alter, que a pesar de exponer formalmente, lo hizo en tono de rivalidad (por eso el “versus”) y las obras eran, muchas de ellas, pinturas “clásicas” graffiteadas, ironizadas, burladas.

Por otro lado, tiene “antecedentes” en manifestaciones “anti” museos. Un caso es la silenciosa intervención en el Tate Modern de Londres donde colgó una obra entre las expuestas durante varias horas. También repitió la misma intervención en Metropolitan Museum of Art de Nueva York.

La relación con el grado de reconocimiento a gran escala del artista, tanto del público en general como de de los círculos que compran y subastan sus obras, y los costos que se manejan, pueden servir para discutir la relación entre alternativo-valor económico; alternativo-reconocimiento oficial; alternativo-reconocimiento popular.

El caso es que Banksy es admirado por muchos y odiado por otros que no presentan ningún reparo en borrar las intervenciones “subversivas” de este artista que molesta a algunos con lo que dice.

Caracterizado como un “Robin Hood al revés (pinta para los pobres y vende a los ricos)”,fue acusado por colegas más drásticos como los anarquitectos Space Hijackers que lo acusan de vendido, por trabajar para MTV, Puma o marcas multinacionales de ese tipo. Otros, como el periodista que sigue sus pasos, Christopher Warren, lo defienden diciendo: “Es una paradoja: los que él critica en sus pinturas le recompensan adorándole. ¿Y él qué puede hacer?”.

Una periodista de Página 12, Mariana Enriquez, expresó: “Cuando los guardianes de la pureza y la supuesta coherencia acusan a Banksy de vendido porque en ocasiones realiza arte más convencional e incluso expone en galerías, cuando señalan que ha perdido credibilidad, que se ha convertido en funcional, que ha sido captado —sobre todo porque gana dinero vendiendo sus piezas—, lo único que hacen es transformarse en cínicos que quieren arruinar algo que tiene cierta mística, potencia y mucha belleza”.

Dos cosas más. Una, Banksy ha arrasado en popularidad en varias ocasiones cuando los funcionarios de turno acurdieron a consultas populares sobre si borrar o no determinadas “pintadas” del artista. Simpre, el pueblo, lo votó por amplia mayoría.
Otra. Un motivo recurrente en su obra es una rata. Por si cabe alguna duda de a qué se debe, él lo explica mejor que nadie: “Como la mayoría de la gente, tengo la fantasía de que todos los pequeños perdedores se van a poder juntar. Que todos van a conseguir buenas herramientas y que el underground va a salir a la superficie y va a partir en pedazos la ciudad. O mejor: que la va a liberar”.

Banksy reúne varios de los elemenos para discutir lo alternativo en el arte: espacios (calle-museo), masividad (popular), reconocimiento (medios, empresas, galeristas, marchands, artistas), números economicos (que valen sus obras, que no valen las entradas a sus exposiciones o muestras en la calle) y contenidos (“antisistema”, consultas populares, conservación-eliminación de su obra, clandestinidad).

El under arriba. El oFF, siendo ON, deja de ser OFF???
LETICIA LOZANO

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